Inicio / Tecno / VEVO, lo poco que hizo bien la industria musical cuando llegó Internet
San Alberto Petrobras

VEVO, lo poco que hizo bien la industria musical cuando llegó Internet

Portátil con YouTube abierto

La travesía del desierto para la música en general y para VEVO en particular parece próxima a su fin. Según datos publicados por The Financial Times, la plataforma que reúne a las grandes discográficas con Google podría entregar los primeros resultados con beneficios de su historia a lo largo de 2018, después de haber alcanzado el umbral de rentabilidad el año anterior.

Es un hito largamente esperado por el sector, para el que VEVO ha sido la gran esperanza en plena transformación digital. La buena perspectiva coincide en el tiempo con la salida a bolsa de Spotify y el nuevo servicio de suscripción de YouTube, para conformar el escenario que marcará el negocio en las próximas décadas.

VEVO nace de un acuerdo forzado por las circunstancias, pero el tiempo ha demostrado que fue la única buena decisión de la industria

Con apenas nueve años de vida, VEVO (acrónimo resultante de 'video evolution') representa como pocos la realidad compleja de colaboración y competición entrelazadas entre generadores de contenidos y plataformas que caracteriza este momento de la historia. Nació de la necesidad de poner de acuerdo a discográficas y YouTube, donde ya se consumían videoclips de forma descontrolada y sin beneficio alguno para creadores y gestores de derechos. Fue un acuerdo forzado por las circunstancias, pero beneficioso al cabo del tiempo.

El impulsor de este proyecto fue Doug Morris, el entonces visionario consejero delegado de Sony Music, que consiguió sumar a Universal a la aventura bajo la idea de crear un servicio semejante a Hulu, pero a nivel musical. MTV había dejado de basarse en vídeos musicales en favor de la telerrealidad y dejaba un hueco por cubrir que había que aprovechar. En aquel momento no fue posible convencer a Warner, la tercera gran discográfica del mercado, y habría que esperar hasta unos años después para contar con su catálogo en VEVO. Hello I M Nik 606854 Unsplash

El inventario de ese proyecto conjunto se enriquecería aún más apenas dos años después, tras la venta y división de EMI en 2011. El cuarto gigante musical que quedaba en pie se repartió entre Universal y Sony cuando su abultada deuda hizo imposible su continuidad, y algunos de sus subsellos acabarían vendidos también a Warner. Así quedó configurado el escenario de tres multinacionales que hoy conocemos.

VEVO había surgido con el objetivo de que las discográficas tuvieran control sobre la explotación comercial de su catálogo en internet. Algo que nunca han conseguido a causa de su problemática relación de dependencia con Google, el socio incómodo que no paga lo que el sector cree que debe.

Dejar de ser "una marca de agua" en YouTube

El papel de YouTube es esencial para VEVO, ya que es el lugar en el que se producen la mayor parte de reproducciones de sus vídeos. En total, abarca casi la mitad del tiempo empleado en reproducir canciones bajo demanda en internet, pero de todo ese consumo el sector apenas ve un dólar por usuario y año. Esta desproporción entre el valor que disfruta la plataforma de Google (cuyos vídeos más vistos son precisamente musicales) y el escaso retorno para sus creadores explica las quejas constantes de la industria.

YouTube entrega a las discográficas el 55% de lo que genera la publicidad asociada a los vídeos musicales y se queda el 45% restante

Para VEVO es mucho más rentable que un usuario reproduzca un vídeo en su web, donde no reparte con nadie los beneficios que genera su planificación publicitaria o sus enlaces para la compra de esas canciones o discos en Amazon o iTunes. Conseguir atraer a los fans desde YouTube era precisamente el objetivo de Erik Huggers, consejero delegado hasta diciembre de 2017, que contaba a Forbes que VEVO era "solo una marca de agua" en esa plataforma. Durante su mandato la empresa incorporó a Warner al acuerdo de distribución.

Pero YouTube sigue siendo el lugar al que se dirige la mayor parte de los aficionados de la música para ver un videoclip, lo que deja sin control a las discográficas sobre la mayor parte de los ingresos que genera VEVO. Hasta ahora Google les ha venido entregando el 55% de los ingresos publicitarios que generan los vídeos, reteniendo el 45% restante. Pero el descontento creciente de la industria y la aparición progresiva de nuevos rivales en el consumo de música, incluido un acuerdo de las discográficas que abre las puertas a Facebook a ese mercado, ha propiciado una nueva perspectiva de YouTube hacia un modelo más sostenible.

El cambio de paradigma hacia el pago

Tras 30 años trabajando en el sector musical, Lyor Cohen se incorporó en 2016 a la plataforma de Google para encauzar la relación entre ambas partes y buscar formas de ofrecer mejores alternativas de explotación a las discográficas. Bajo su gestión YouTube vuelve a intentarlo con un servicio de pago por suscripción, tras experimentos fallidos anteriores. La diferencia es que quien vea desde finales de marzo vídeos musicales en la plataforma de manera gratuita se encontrará más publicidad que antes, como parte de la estrategia para convertirle en suscriptor. Cohen describe el plan como "frustrar y seducir".

Eso en principio es buena noticia para VEVO, en la medida en que probablemente recibirá más dinero en el reparto publicitario, por mayor número de impactos, y además sus miembros tendrán otra fuente de ingresos. Lo que queda por ver es la recepción por parte de los más de 1.000 millones de usuarios de YouTube, acostumbrados a la exposición gratuita de contenido en la plataforma a cambio de anuncios asociados a la experiencia.

Lyor Cohen Lyor Cohen

Cohen es optimista, en la medida en que servicios como Spotify han acostumbrado a millones de personas a pagar por el consumo de música, y eso ha favorecido el repunte de los ingresos de la industria. Esa compañía saldrá a bolsa este año, lastrada por fuertes pérdidas derivadas del pago de derechos a las discográficas, y con la vitola de ser uno de los servicios que más dinero les genera, unos 20 dólares por usuario y año.

Los números que mantienen presa a VEVO

YouTube y VEVO comparten el contador de reproducciones para los canales oficiales de artistas y grupos, de forma que los contenidos muestran las mismas cifras en una u otra. Pero las interacciones apuntan claramente el diferente alcance de cada una: 'Despacito', el vídeo musical más visto de la historia, tiene 52.300 'me gusta' en VEVO y más de 26 millones en YouTube (junto a otros casi tres millones de 'no me gusta').

Según SimilarWeb, la web de VEVO acoge picos de en torno a 14 millones de visitas, mientras que YouTube ronda los 25.000 millones de promedio. Respecto a los ingresos, VEVO sumó 650 millones en 2017 (un 30% más que en 2016), pero algunas fuentes estiman los de YouTube en unos 10.000 millones (Google no los desglosa). Esas y otras cifras hacen inviable de momento que VEVO pueda subsistir sin la difusión y los ingresos que le ofrece la plataforma de Google, aunque los últimos cambios en YouTube pueden favorecer una mayor y mejor explotación de los vídeos musicales.

Tras la crisis causada por los anuncios aparecidos en contenidos del ISIS o el Klu Klux Klan, Google ha restringido mucho la capacidad de monetizar vídeos, tanto en número de suscriptores de los canales como en visualizaciones mínimas para ofrecer seguridad de marca. Eso concentra los presupuestos en piezas amables para el anunciante y con gran capacidad de generar visibilidad, como es el caso de la música.

También te recomendamos


Así se ve 'Super Mario' a 380.000 cuadros por segundo en un viejo televisor de tubo


Siete claves para conseguir un café excelente en casa


El videoclip de 'Despacito' desaparece temporalmente tras un ataque de hacking a YouTube [Actualizada]


La noticia

VEVO, lo poco que hizo bien la industria musical cuando llegó Internet

fue publicada originalmente en

Xataka

por
José Manuel Rodríguez

.

sierramat.s.a.

Chequea también

650_1200

‘Counterpart’ es la mejor serie de espías del año… y posiblemente también la mejor de ciencia-ficción

El estreno de 'Counterpart' hace unos meses nos permitió echar un primer vistazo a una serie que prometía unir con una sutilidad y un buen gusto no demasiado habitual en un medio tan dado a las metáforas fantastique a machetazos (sí, 'Westworld', te miro a ti) el cine de espías de la Guerra Fría y la ciencia-ficción de realidades paralelas. Finalizada la primera temporada, podemos decir que la misión no solo ha sido sobradamente cumplida, sino que ha lanzado a los espectadores una buena cantidad de alicientes extra. Por ejemplo, ha sabido construir sin necesidad de técnicas narrativas manidas un mundo consistente y con reglas muy concisas. Es cierto que, tras los primeros compases de la serie, en los que J.K. Simmons llevaba a cabo un monótono y críptico trabajo de oficina, preveíamos una distopía crítica con la cotidianeidad gris de la sociedad actual. Y finalmente la cosa ha ido por otro lado. Pero al hacerlo, ha profundizado en un universo mucho más emocionante: el de una realidad dividida en dos, lo que propicia una metáfora política y otra humana. Ojo: spoilers a partir de aquí. La política está muy clara, hasta el punto que el referente real es significativo: la acción se ambienta en un Berlín intemporal, que por la tecnología reconocemos como actual, pero que los creadores de la serie se cuidan de detalles modernos. La metáfora del Muro y la Guerra Fría es obvia: dos realidades divergentes en un mismo espacio físico. Las historias que hemos oído a menudo de familias berlinesas que de la noche a la mañana se vieron seccionadas, quedando divididas a ambos lados del Muro, tienen aquí un claro paralelismo con los dos mundos en los que se divide la realidad. A lo largo de esta primera temporada hemos recibido datos específicos acerca de esas dos dimensiones que se apuntaban en los primeros capítulos: a finales de los ochenta (¡cómo no!) la realidad se partió en dos. En principio transcurrían paralelas, pero pronto comienzan a divergir: en 1996 una gripe mata al 7% de la población global de uno de los dos mundos, y ellos sospechan que nosotros podemos haber tenido algo que ver con la plaga. La existencia de los dos mundos sigue siendo secreta, aunque el espionaje y el contraespionaje están a la orden del día. La parte humana está íntimamente relacionada con la política (¡como pasa siempre con las buenas metáforas políticas!), porque 'Counterpart', aparte de evocar una parte de nuestra historia que no está tan ideológicamente enterrada como nos gustaría, habla de la dualidad que anida en cualquier ser humano. Y lo hace a través de su protagonista, por supuesto que sí: apocado oficinista en un mundo, implacable espía en otro. Cuando las circunstancias argumentales les obligan a intercambiar sus lugares, 'Counterpart' plantea una intriga de espionaje acentuada por la personalidad de su(s) héroe(s). Pero el personaje de JK Simmons es solo uno de los duplicados, que abundan desplegados en los dos mundos, y en muy diversas circunstancias. Por ejemplo, 'Counterpart' se las arregla para hacernos creer que la mujer del protagonista (espía avezada en un mundo, en coma por un accidente en otro) viven un paralelismo similar al suyo, y nada más lejos de la realidad. Una asesina a sueldo (un auténtico caramelo para Sara Serraiocco) tiene que matarse a sí misma, lo que le ocasionará innumerables conflictos. Y la mejor trama de todas: en uno de los mundos se educa a niños desde pequeños (en organizaciones que también recuerdan a lo peor de la Europa del Este de la Guerra Fría) para que sustituyan a sus contrapartidas en el otro mundo. Así sucederá con uno de los personajes más interesantes de la intriga, interpretada por Nazanin Boniadi, de la que descubriremos que siendo niña tuvo que soportar que le partieran las dos piernas para tener la misma lesión que su reflejo en el otro mundo, a quien le tocaba sustituir. Es buena, pero... ¿es la mejor? ¿Es posible que la mejor serie de ciencia-ficción del año haya llegado de tapadillo y sin hacer apenas ruido? ¿Es posible que supere la grandilocuencia de 'Westworld', la catarata de colorines de 'Altered Carbon' o el sugestivo cambio de tercio en una franquicia histórica, de 'Star Trek Discovery'? Es complicado hablar en absolutos y comparar series que a menudo no tienen mucho que ver entre si: la ampulosidad propia de la space opera de Star Trek choca con la sobriedad expresiva de esta, y por otra parte... ¿es ciencia-ficción 'Stranger Things'?. Pero lo que está claro es que 'Counterpart' está en los puestos más altos de la lista. A nivel discursivo, de hecho, no tiene rival. No hay más que compararla con la otra gran serie de ciencia-ficción metafísica del momento, 'Westworld', a la que solo le falta poner en letras mayúsculas de neón su mensaje acerca de "qué es lo que nos hace humanos". 'Counterpart' habla de eso también, pero como la propia trama que la vertebra, no toma el camino más corto, sino el más alambicado: gracias a la división en dos mundos, 'Counterpart' podría plantear simplemente una división de la esencia humana en dos, a lo Jekyll y Hyde, del mismo modo que en 'Westworld' hay seres artificiales y humanos auténticos. Es decir, podríamos tener un mensaje de "un ser humano consta de dos personalidades opuestas, y esto es lo que pasa cuando se enfrentan", pero 'Counterpart' opta por una solución mucho más inteligente, ya que cada una de esas personalidades... tiene su propia personalidad. La segunda mitad de esta primera temporada explora las complejidades de esa dualidad, cuando vemos que estamos ante algo más complejo que un Howard "bueno" y un Howard "malo". Esto se contagia al resto de los personajes, que entran (junto a sus dobles) en una zona gris muy difícil de acotar. La comparación con 'Westworld' es pertinente, y pese a que la factura técnica de la serie original de HBO ('Counterpart' es originariamente de Starz) es incomparable con 'Counterpart' (aunque ésta tampoco lo pretende: su registro visual es el de la discreción y la aparición de lo extraordinario entre el asfalto gris de la ciudad), el mensaje de la serie producida por Jonathan Nolan es más de brocha gorda. Códigos binarios, seres artificiales o humanos, el enfrentamiento entre ambos y poco más. Quizás en estos términos la serie más comparable a 'Counterpart' sea 'The Handmaid's Tale': la complejidad de su propuesta, completamente alejada de planteamientos duales, corre paralela a su cuidada puesta en escena, que también como la serie de Starz hace buen uso de un empleo inteligente de la iluminación y el diseño de producción. Ambas, también, usan un código de la ciencia-ficción sencillo y sin estridencias, alejado de los excesos de fantasía para plantear mundos creíbles y realistas. La ciencia-ficción en ambos casos es un telón de fondo, no un soporte argumental, sutilmente camuflado de dama costumbrista en un caso y de ficción de espionaje político en otro. En un panorama tan fértil y estimulante como el de la ciencia-ficción televisiva actual, es complicado elegir una serie que poner en cabeza. 'Counterpart' es una de las mejores del momento gracias a su espectacular trabajo interpretativo, sus sutilidades visuales y su dosificación del argumento. También sin duda, y está claro que es lo que la hace especial, la que lo consigue con menos estridencias. No sabemos si será la mejor, pero desde luego sí la más elegante. También te recomendamos 'Counterpart', realidades desdobladas en una de las mejores piezas de ciencia-ficción televisiva del momento 'Real humans', el 'Blade Runner' que vino de Suecia Conoce a los principales roles, campeones y habilidades en League of Legends - La noticia 'Counterpart' es la mejor serie de espías del año... y posiblemente también la mejor de ciencia-ficción fue publicada originalmente en Xataka por John Tones .