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San Alberto Petrobras

Por qué yo sí creo que Google y Facebook deberían pagar a quienes les nutrimos de contenidos

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Hace unos años la famosa 'Tasa Google' dio mucho que hablar en nuestro país. La introducción de la Ley de Propiedad Intelectual implicaba que Google News y otros agregadores de enlaces debían pagar a los autores de los contenidos que enlazaban.

La entrada en vigor del Canon AEDE supuso entre otras cosas el cierre de Google News en España. Ahora nueve grandes agencias de prensa europeas proponen medidas similares para que Google y Facebook paguen por las noticias de las que obtienen beneficios millonarios. ¿Tiene más sentido esa demanda ahora que antes? Yo creo que sí.

Solo el intermediario gana

Los agregadores de enlaces, como los denominaba la propuesta para implantar la 'Tasa Google', se encargan básicamente de actuar como intermediarios de contenidos e información que ellos no producen.

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Estos agregadores son una gran puerta de entrada a esos contenidos que tiene una función y propuesta útil: a menudo son filtradores o "curadores" de contenidos, eligiendo aquellos que se consideran más interesantes para la audiencia. Ese proceso de filtrado y recomendación puede estar basado en algoritmos propios (Google News) o en la intervención de los propios usuarios, que los comparten y los votan (Menéame).

Lo que hacen esos intermediarios es al fin y al cabo lo que hacen otros muchos en otros ámbitos. Amplifican el mensaje y la oferta gracias a su exposición e influencia ante el gran público. La analogía con Booking en el mundo de la hostelería, de Rastreator en el de los seguros o de TripAdvisor en el de los restaurantes, por poner algunos ejemplos evidentes.

Ni Booking tiene hoteles propios, ni Rastreator es una empresa de seguros como tal, ni TripAdvisor tiene chefs en su plantilla. Simplemente actúan como portales de recomendación agrupando ofertas y ordenándolas según diversos criterios.

Esa labor de centralización de la oferta les ha valido para ser puntos de referencia a la hora de contratar cada uno de esos productos y servicios, y eso les ha permitido crear un efecto red que les ha convertido en negocios muy rentables ahorrándose además los gigantescos costes que supone tener un hotel, una empresa de seguros o un restaurante. Son meros altavoces que ganan buenas comisiones recomendando productos, sin más.

En ese escenario todos ganan: los intermediarios obtienen sus citadas comisiones, los usuarios ganan en su proceso de búsqueda y descubrimiento, y los hoteles, empresas de seguros o restaurantes ganan nuevos clientes que probablemente no tendrían sin esos servicios, o a los que les costaría más llegar. Es, como suele decirse, un win-win (o un win-win-win, ya puestos). Todos ganan, aunque unos inevitablemente crean que ellos son los que deberían ganar más. ¿Os suena el tema?

Las odiosas comparaciones

Pues claro que os suena, porque es exactamente lo que está pasando en el segmento de los contenidos. ¿Qué diferencia hay con Google News o Facebook? La analogía es evidente: estos agregadores de enlaces también centralizan la oferta de contenidos y la filtran ordenándola según ciertos criterios.

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De hecho esos servicios se han convertido cada vez más en el verdadero "telediario" en el que se informan cada día. Ya no es necesario ver la tele, comprarse el periódico o escuchar la radio para enterarse de lo que pasa. O más bien, de lo que pasa y además es "importante". Ya te lo cuentan Google News o Facebook, entre otros, que se han convertido en la ventana a una realidad muy concreta: la que ellos filtran y recomiendan, como cualquier otro intermediario.

En esa labor de filtro de la realidad hay problemas evidentes, como se ha demostrado con la influencia de las noticias falsas. Los algoritmos no funcionan —que se lo digan a YouTube Kids—, y la moderación, filtrado y recomendación por parte de seres humanos es cada vez más relevante en ámbitos como estos que perfilan y moldean nuestra propia realidad.

Pero dejando a un lado ese complicado debate, lo cierto es que los servicios que actúan aquí como intermediarios lo hacen de una forma especialmente injusta, al menos para los que proporcionan los contenidos. Eso, claro, es discutible, porque en este escenario también hay un win-win-win.

Google News y Facebook generan unos beneficios ingentes por publicidad, mientras que los usuarios ganan en comodidad (todo desde una misma fuente aunque los contenidos sean de diversas fuentes originales) y los proveedores de contenidos ganan en visibilidad y tráfico, lo que a su vez les ayuda a tener más ingresos publicitarios.

Pero para los proveedores de contenidos eso no es suficiente. En un mensaje conjunto esta semana varias agencias europeas (AFP, y la española EFE entre otras), afirmaban que "Facebook se ha convertido en el mayor medio de comunicación del mundo, pero ni Facebook ni Google tienen una sala de prensa, no tienen a periodistas en Siria arriesgando sus vidas, ni una oficina en Zimbawe investigando la salida de Mugabe, ni editores para chequear y verificar la información que envían los reporteros desde el terreno".

Como ocurre con los hoteles, los seguros o los restaurantes de los que hablábamos, todos esos contenidos generados por los medios cuestan mucho dinero, y ahora esas agencias de prensa y medios estiman necesario que los beneficios se repartan de una forma más equitativa.

Según los datos de este consorcio de agencias y medios, estos intermediarios se llevan entre el 60 y el 70% de los ingresos publicitarios. Google ha crecido un 20% en ingresos el año pasado, pero Facebook ha triplicado sus beneficios llegando a los 10 millones de dólares. ¿Por qué accede la gente a Facebook? Según este consorcio, las noticias ya son la segunda razón tras esa tradicional forma de estar en contacto con familiares o amigos.

Para estas agencias la Unión Europea debería darles "derechos relacionados" con el copyright de su trabajo, algo que para algunos podría amenazar el acceso de los usuarios a la libre información, algo que dicho consorcio aclara: "los usuarios de internet no estarían afectados, solo aquellos que ahora se embolsan una parte desproporcionada del beneficio publicitario y que tendrían que compartir una parte significativa de ese beneficio con los que realmente producen esa información".

La situación es cada vez (un poco) más injusta

Para los que hacemos medios el debate es evidente, y aquí hablo de mi opinión personal y no de la del medio al que represento: el Canon AEDE me parecía totalmente desproporcionado, mal planteado e incluso peligroso para formarnos nuestra idea de lo que ocurre a nuestro alrededor.

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Pero es que el papel que están teniendo tanto Facebook como Google News es igual de inquietante, y su transformación en pilares de nuestra rutina informativa es preocupante. Ya no necesito salir de Facebook o Google News para ver qué ha hecho el Madrid, en qué nuevo lío nos ha metido Trump o si se soluciona la delicada situación con Cataluña, pero es que no acabo de fiarme de sus algoritmos.

Puede que visite algún que otro medio para entender el contexto e ir más allá del titular, pero lo que parece claro es que el papel de los medios pierde protagonismo (e ingresos, claro) frente al de esos gigantes que ya son parte de nuestro día a día y en los que confiamos para informarnos, entretenernos y conectarnos a todo y todos.

Bien por esa ambición, pero aquí tengo que defender lo mío: el reparto quizás está siendo injusto ahora que efectivamente uno ya no se informa en El País, The New York Times o Xataka, sino en Facebook, Google News u otro agregador de su preferencia que se está nutriendo de esos contenidos. Bien por difundir la información, pero quizás no tanto hacerlo de una forma poco equitativa para quienes la producen.

Nota del medio: este artículo refleja el criterio y la posición sólo del autor, sin que suponga que la línea editorial de Xataka o Weblogs SL coincide con ella

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La noticia

Por qué yo sí creo que Google y Facebook deberían pagar a quienes les nutrimos de contenidos

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Xataka

por
Javier Pastor

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Cuando cambiarle la piel a Windows estaba de moda

Cuando Windows 95 Windows 98 aparecieron en el mercado, lo hicieron con una interfaz de usuario simplona y limitada en su capacidad de personalización. Fue entonces cuando surgió WindowBlinds, una aplicación que apareció en 1999 que permitía cambiar el aspecto visual de Windows y que se convirtió en un éxito absoluto. Así se iniciaba una era de la personalización que aún hoy sigue mostrando sus maravillas. WindowBlinds como referente de una época dorada Como cuentan los responsables de Stardock, la empresa que desde el primer momento dominó el panorama del 'Windows Skinning', aquella versión de WindowBlinds estaba limitada por la memoria GDI de Windows 95, 98 y Me, que era de tan solo 128K. Eso hacía que utilizar la aplicación pudiera acabar ralentizando los ordenadores de aquellos usuarios o incluso hacer que fueran inestables. Aquello cambió con Windows 2000, que por fin planteaba una arquitectura gráfica distinta. 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